Por Diego Martín Velázquez Caballero
Con excepción de los noticieros abiertamente cuatroteístas, casi nadie toma en cuenta lo que desarrollan movimientos políticos como los encabezados por Raúl Tortolero, Eduardo Verástegui, México Republicano y FRENAAA. Después de las elecciones para integrar el Poder Judicial, así como los procesos locales de Veracruz y Durango, las derechas hispanistas y neoliberales del país se han contenido para ceder el espacio de la opinión pública a derechas que se presentan como extremistas, pero que, en la realidad concreta, fuera de internet y las redes sociales, carecen de impacto.
La política mexicana influenciada por la cultura de máscaras y cooptación, siempre trata de incorporar a los elementos dirigentes tradicionales mediante un transformismo donde la jerarquía económica, política y social se mantiene. Morena ha ido integrando a su estructura política demasiados cuadros de la oposición y marginando elementos puros y fieles creyentes.
La extrema derecha en México representa un espectáculo más que una realidad; sin embargo, sirve para paralizar a la derecha neoliberal que, en efecto, carece de argumentos para oponerse a Morena y, probablemente, frente a la necesidad de especialistas y tecnócratas que cada vez más reclama el régimen de la Cuarta Transformación, esperan su turno para integrarse al lopezobradorismo como ha ocurrido con la más diversa taxonomía hegemónica.
Personajes sin seguidores, con estructuras sociales mínimas y una austeridad más que radical; de pronto, generan mensajes cuasifascistas para pretender alcanzar la presidencia de la república e impulsar una revolución contra el régimen. Fuera de internet, nada de eso sucede. La extrema derecha mexicana es una derecha virtual, sin recursos y variante entre la estructura clerical católica así como la clase política gobernante de México y Estados Unidos. Los mensajes de la extrema derecha, por más radicales que se presenten, no parecen tener ningún efecto y mecanismo vinculante en la sociedad. Incluso las movilizaciones de la Marea Rosa han quedado al garete.
El proyecto de la democracia neoliberal que el PRIANRD y los grupos clasemedieros de la Sociedad Civil habían tratado de construir durante la etapa de la transición vía elecciones competitivas ya no presenta signos vitales. El lopezobradorismo se ha impuesto por default y le han auxiliado los personajes extremistas que han exhibido una derecha nazi en México, pero inocua en lo concreto.
Las derechas mexicanas son clientelares y, como en el pasado inmediato, serán incorporadas al modelo hegemónico de control político para resultar funcionales. Mientras tanto, como Salvador Borrego en María Auxiliadora, los seguidores del PRIAND tecnócrata neoliberal vivirán la inanición permanente.







