Opinión

Trump: Dinero es lo que quiero

Diego Martín Velázquez Caballero

Aunque el gobierno estadounidense ha acusado repetidamente a México de cargos económicos y criminales, los datos publicados por la Casa Blanca sobre lavado de dinero en México parecen representar los intereses estadounidenses más que la salud de su juventud. La economía informal siempre ha predominado en nuestro país; la integración neoliberal no fue nada menos que la absorción de fuerzas y servicios mexicanos al menor costo posible para Estados Unidos. La naturaleza de tal relación solo puede explicarse por la informalidad, que está demasiado cerca de la corrupción.

A lo largo de los años, diversas instituciones financieras, desde bancos hasta casas de cambio, han estado implicadas en el fenómeno del lavado de dinero. La evidencia no es concluyente, sino simplemente acusaciones de las autoridades estadounidenses sobre aspectos económicos evidentes. México ha sido la Sicilia de Norteamérica durante casi un siglo; la economía ilegal es más que absoluta; pero existe una corresponsabilidad histórica que se extiende desde el empleo, los servicios y toda la proporción posible del intercambio de bienes.

¿Qué más quiere Su Majestad Donald Trump de México? Sin duda, la presión sobre el gobierno nacional terminará porque Claudia Sheinbaum construye políticas transnacionales para reducir significativamente el tráfico de drogas y personas de una manera buena, económica, atractiva y confiable; gratis, por supuesto. Es probable que haya más demandas estadounidenses en la misma línea.

Trump no solo es un TACO, sino también impredecible, y por lo tanto, la Cuarta Transformación no puede confiar la gobernabilidad únicamente al clientelismo político. Un proyecto de gobernanza que combine las demandas trumpistas con el crecimiento económico es esencial. La dependencia gravitacional de la economía mexicana de Estados Unidos es total, y solo mediante estrategias alternativas viables se reducirá la vigilancia estadounidense.

Al gobierno de Donald Trump no le importa reducir el consumo de drogas en su país, sino la servidumbre de México. El gobierno de Morena debe acelerar las políticas públicas transnacionales para satisfacer las demandas del Sr. Zanahoria, solicitar la extraterritorialidad para el gobierno mexicano o, alternativamente, abrir la puerta a los estadounidenses y dejar que resuelvan a su manera los problemas que consideran causados por nuestro país. Una Cuarta Transformación a la espera del trumpismo, o la inacción gubernamental ante los agravios estadounidenses, advierte un conflicto social derivado de la crisis económica y de seguridad que ningún populismo podrá contener; véanse los casos de California, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Guanajuato y algunos otros estados que se acercan peligrosamente a estas situaciones atípicas.

Diego Martín Velázquez Caballero

Desde que tengo memoria, el estudio del poder y sus efectos en la sociedad han sido mi mayor fascinación. Mi nombre es Diego Martín Velázquez Caballero, politólogo de formación, egresado de la UPAEP y la BUAP, con una pasión insaciable por comprender los engranajes del sistema político mexicano y la geopolítica nacional. A lo largo de mi trayectoria, he dedicado mi tiempo y esfuerzo a analizar la estructura del poder, sus dinámicas y los actores que dan forma al rumbo de México. Mi vocación no solo radica en entender el juego político, sino en descifrar las estrategias que moldean nuestro presente y determinan nuestro futuro. Me interesa profundizar en los cambios de las instituciones, la toma de decisiones y las fuerzas internas y externas que influyen en el desarrollo del país. México es un tablero de ajedrez en constante movimiento, donde las piezas nunca dejan de reacomodarse. Mi labor como estudioso del sistema político y la geopolítica nacional no se limita a la academia; es un compromiso con la reflexión crítica y el análisis profundo, porque comprender la política no es solo cuestión de teoría, sino de interpretar la realidad con agudeza y visión estratégica. Si algo he aprendido en mi camino es que la política es más que un conjunto de reglas: es la historia en construcción, el pulso de una nación y el reflejo de las aspiraciones de su gente. Y en esa historia, mi misión es aportar conocimiento, generar debate y contribuir a la construcción de un México más consciente de su propio destino.

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