Por Diego Martín Velázquez Caballero
El golpe severo contra Clara Brugada lo es también hacia la Cuarta Transformación. La situación demuestra que las redes de macrocriminalidad están por encima del Estado y que los enclaves autoritarios nos llevan de regreso al siglo de caudillos caciques. La capacidad de ejercicio de la violencia que tienen algunos grupos y sujetos simplemente deja entrever que la seguridad estatal es cuestión olvidada. Parece poco probable que Norteamérica decida atacar a los caudillos mexicanos, lo mismo ocurrió en Colombia y otras naciones donde los grupos de la delincuencia organizada gobiernan. Panamá fue un caso extraordinario, pero no se repetirá. No obstante, las ofertas del pentagonismo para contribuir a las medidas de seguridad y protección deben ser tomadas en consideración.
Algunos analistas, observando la añeja historia de narcotráfico entre México y Estados Unidos, piensan que el trumpismo está exigiendo una ofrenda de narcopolíticos mexicanos para que el electorado estadounidense mantenga la aprobación por los republicanos; por ello, dado que la captura de algunos dirigentes y grupos mafiosos representa una formalidad, la violencia se desata y, como ha ocurrido en el pasado, lastima a los colaboradores más significativos del gobierno en turno. Fox, Calderón, Peña Nieto y hasta Salinas de Gortari, pagaron el costo de comprometerse a la extradición de los caudillos del narcotráfico.
Puede decirse que estos atentados contra la clase política representan la resistencia de los grupos de la delincuencia organizada contra el cambio en el planteamiento de la seguridad pública en el presente sexenio. Precisamente estas modificaciones obligan a que los gobiernos deban invertir mayores recursos en las instituciones encargadas de la seguridad. El dato no es menor, durante el calderonato el gasto fue excesivo y sirvió poco, es necesario gastar mucho y hacerlo diligentemente para dejar satisfecho al pentagonismo.
La austeridad ha tenido graves consecuencias en la gobernabilidad del país, no sólo es el tema de la seguridad; hay cuestiones como la educación y salud donde se ha notado la disminución del gasto público. La austeridad se percibe en ciertos sectores de las dependencias y administración pública, lamentablemente no puede decirse lo mismo de la clase política morenista. Los grupos morenistas dan muestra del boato, patrimonialismo, nepotismo y corrupción, consienten el dispendio del dinero de una forma ajena a los principios éticos de la cuarta transformación.
La inseguridad comienza a cobrar facturas altas y muestra la necesidad de redirigir el gasto público en una forma más sana, objetiva y transparente. El pánico se apodera de todos.
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