Opinión

Sheinbaum y Zedillo. El debate por la gobernabilidad

Por Diego Martín Velázquez Caballero

Conforme a la visión de Miguel Basáñez, el sector público en nuestro país se compone por tres grupos significativos: políticos, técnicos y especialistas. A últimas fechas, dada la descomposición del Estado Mexicano y las amenazas invasoras de los yanquis, puede decirse —con toda certeza— que tenemos una clase política malsana. La generación de liberales juaristas enfrentó la invasión extranjera por insuficiencia de pagos a la deuda externa y razones geopolíticas; ahora, México está a punto de ser intervenido por malandro, corrupto y criminal. Una razón que explica el actual estado de cosas radica en que los sectores técnicos y especializados del gobierno han sido atados de manos, bloqueados y silenciados en nombre de una lealtad absoluta a las facciones políticas caciquiles.

La hegemocracia política, como la define Basáñez, no comenzó completamente con Morena. La correlación de fuerzas ha beneficiado a los políticos desde el periodo de Vicente Fox y ha llegado al dominio total en la Cuarta Transformación. El lopezobradorismo se comprometió a reconstruir el Estado Mexicano mediante uno de los sectores expertos más efectivos: el Ejército; pero, algo falló en el camino. El patrimonialismo y pragmatismo tradicional del chambismo mexicano se impone en la forma política, las macrorredes de cacicazgos, corporativismos y clientelismos impulsaron la fuerza electoral morenista y, ahora, no se puede dar reversa. El pago de facturas y favores políticos cierra el paso al crecimiento y desarrollo económico.

Zedillo ha planteado en la esfera pública el debate de los proyectos económicos en el país. Aún desde la posición maquiavélica extrema, los resultados son como son y no se puede llamar éxito la realidad que confronta el gobierno sheinbaunista y el proyecto nacional revolucionario progresista populista. Si Zedillo no tuviera razón en sus señalamientos, la carta de Claudia Sheinbaum a Morena ni hubiera sido enviada y, mucho menos, habría provocado el decálogo moral para el político morenista. ¿Para qué insistir en la buena conducta del político morenista si la 4T es pura, impoluta y temerosa de Dios? Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum es una científica y promotora del conocimiento objetivo, es importante señalar que ha disminuido esta posición en su gobierno. El dominio de los políticos morenistas está afectando al Estado Mexicano, pues muchos hacen de la inmoralidad su virtud principal; sobre todo los tránsfugas, cuyo emprendedurismo político se vuelve salvaje, bárbaro y avasallante.

Más allá del neoliberalismo, las condiciones técnicas y especialistas deben equilibrar la actuación política voluntariosa y pragmática. El empirismo costumbrista mexicano nos ha puesto al borde del caos y es necesario reconocer que la técnica no tiene ideología ni pertenece al dominio de una clase o casta. La técnica —señalaba Gómez Morín— atempera el dolor. La capacidad de gobernar en México se encuentra al límite de la inoperancia, es necesario que la administración pública se involucre con los técnicos y especialistas adecuados para recuperar la congruencia perdida entre la formulación y los resultados de las políticas públicas.

El triángulo del poder en el sector público de México debe equilibrar la influencia de políticos, técnicos y especialistas. El servicio civil de carrera es una añeja demanda de la administración pública en el país y el debate Sheinbaum-Zedillo puede representar la coyuntura para promoverlo en todos sectores y niveles gubernamentales. El Estado sigue siendo importante como una arena pública que nos pertenece a todos y que necesita una permanente atención, participación y responsabilidad.

Un debate más se relaciona con la importancia de la educación, se precisa la universalidad de la educación superior y la capacitación permanente en varias dimensiones para los individuos. Las políticas educativas adecuadas contribuyen a la aproximación de debates, puntos de vista y posturas que generan convivencias y cohabitaciones entre el sentido común y el conocimiento técnico.

Diego Martín Velázquez Caballero

Desde que tengo memoria, el estudio del poder y sus efectos en la sociedad han sido mi mayor fascinación. Mi nombre es Diego Martín Velázquez Caballero, politólogo de formación, egresado de la UPAEP y la BUAP, con una pasión insaciable por comprender los engranajes del sistema político mexicano y la geopolítica nacional. A lo largo de mi trayectoria, he dedicado mi tiempo y esfuerzo a analizar la estructura del poder, sus dinámicas y los actores que dan forma al rumbo de México. Mi vocación no solo radica en entender el juego político, sino en descifrar las estrategias que moldean nuestro presente y determinan nuestro futuro. Me interesa profundizar en los cambios de las instituciones, la toma de decisiones y las fuerzas internas y externas que influyen en el desarrollo del país. México es un tablero de ajedrez en constante movimiento, donde las piezas nunca dejan de reacomodarse. Mi labor como estudioso del sistema político y la geopolítica nacional no se limita a la academia; es un compromiso con la reflexión crítica y el análisis profundo, porque comprender la política no es solo cuestión de teoría, sino de interpretar la realidad con agudeza y visión estratégica. Si algo he aprendido en mi camino es que la política es más que un conjunto de reglas: es la historia en construcción, el pulso de una nación y el reflejo de las aspiraciones de su gente. Y en esa historia, mi misión es aportar conocimiento, generar debate y contribuir a la construcción de un México más consciente de su propio destino.

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